Rusos, ingleses, españoles


Conde Vorontsov

Simeón Vorontsov (1744-1832)

Miembro de una familia noble rusa de gran influencia entre los siglos XV y XIX, toma parte en la guerra ruso-turca que permite a Catalina II apoderarse de la Crimea en 1774.

Tras ocupar puestos diplomáticos en Viena y en Venecia, es Ministro plenipotenciario de Rusia en el Reino Unido entre 1784 y 1806. Allí da a Miranda una asistencia invalorable al inscribirlo sin sueldo en la lista de empleados de la embajada, lo que le confiere un status diplomático que le salva durante un intento de arresto y extradición organizado por Madrid.

Imagen cortesía del señor
Alexander Woronzoff-Dashkoff.

Mientras busca iniciar contactos con el gobierno británico en vistas a tantear un respaldo para una revuelta independentista en la América hispana, Miranda organiza su vida en Londres con el apoyo de varias personas entre las que se encuentran su ya viejo amigo John Turnbull y el embajador de Rusia, el conde Simeón Vorontsov. Vorontsov, quien será un amigo fiel por muchos años, le inscribe sin sueldo en la lista de sus empleados para otorgarle inmunidad diplomática ante una posible solicitud de captura de España, solicitud que pronto tiene lugar.


Miranda aprecia la protección de Rusia y no escatima esfuerzos para demostrarlo: asiste por el embajador a las sesiones del Parlamento inglés, envía obsequios a Potemkin y, sobre todo, defiende públicamente al gobierno de la Emperatriz en diversas ocasiones. Ávido lector y seguidor de la política en general, rara vez pierde la oportunidad de expresar su opinión sobre los acontecimientos de Europa en los más diversos círculos.


Su talento para realizar contactos en círculos políticos fructifica al obtener la amistad y la ayuda del parlamentario Thomas Pownall, quien fuera en Norteamérica el último gobernador británico de Massachusetts. Pownall toma un vivo interés en Miranda y sus ideas, y le ofrece la invalorable oportunidad de sostener una audiencia personal con el Primer Ministro William Pitt, audiencia que tiene lugar en la residencia campestre de éste, Holwood, el 14 de febrero de 1790, cuando el sudamericano espera aún respuesta de Madrid sobre su solicitud de retiro del ejército español.


En esa reunión Pitt escucha con interés el contexto general que Miranda le presenta: la América española, como lo prueban los diferentes alzamientos registrados a través de los años, está lista para ser independiente; el atraso ideológico e institucional que sufren sus habitantes por causa del opresivo sistema colonial español puede ser corregido a través de la adopción de un sistema liberal de gobierno de vocación democrática; Inglaterra encontraría en una Hispanoamérica libre su principal aliada y socia comercial, pero, en contraparte, deberá suministrar el apoyo militar y naval necesario para lograr la independencia; este apoyo, que debe ser significativo, no tiene por qué agotar sus recursos: alrededor de 15 navíos de guerra y un ejército de 12 a 15 mil hombres, del total de 45 mil hombres de que disponen los británicos [1]Morgan, Kenneth O., Editor: The Oxford Illustrated History of Britain, pp. 434, Oxford University Press, Oxford, 1984, podrían ser suficientes; la forma de gobierno de la futura nación estaría basada sobre el sistema británico de monarquía parlamentaria; el nuevo y enorme país incorporaría todos los territorios españoles de América y se llamaría Colombia, en honor a Cristóbal Colón.


Para sustentar lo dicho, ofrece a Pitt una variedad de informaciones que ha recopilado a través de los años: mapas del continente suramericano, planos de instalaciones militares, listas de personas susceptibles de colaborar en la empresa, y recuentos de sublevaciones que han tenido lugar en diversos territorios de Hispanoamérica. Miranda no es el primer criollo que propone al alto gobierno británico un proyecto secesionista; ya antes varios individuos han sondeado a Inglaterra con miras a lograr su ayuda para obtener la separación del imperio español de provincias americanas como México, Perú o Chile [2]Bohórquez Morán, Carmen: Francisco de Miranda, Précurseur des indépendances de l'Amérique latine, p. 130, Editions L'Harmattan, Paris, 1998, pero su proposición es original en tanto que busca lograr la independencia del continente hispanoamericano en su totalidad, e incluye consideraciones concretas sobre los aspectos legales, militares y políticos de una tal empresa.


Holwood
William Pitt el Joven

William Pitt el Joven (1759-1810). Su primera reunión con Miranda tiene lugar en su residencia campestre, Holwood (arriba, en su aspecto previo a 1823), tras la cual este último prepara un primer proyecto detallado para emancipar a la América hispana.

Imágenes: Victorianweb (Holwood), Wikipedia


Diversas razones habían primado para que Inglaterra no ofreciera a las proposiciones anteriormente recibidas el apoyo buscado, pero muy al centro de los cálculos británicos -y lo que erróneamente podría ser percibido como falta de interés de Londres en aquellos proyectos- había estado la necesidad fundamental de Gran Bretaña de mantener objetivos tácticos y estratégicos coherentes hacia las otras potencias europeas, con las que compite por el dominio de mares y territorios alrededor del mundo, y a las que tiene, no obstante, como vecinos más próximos. De manera general, esta realidad geopolítica siempre había influenciado la actitud de los gobernantes británicos hacia las proposiciones secesionistas venidas de las colonias españolas de América, y éste será el caso también en la interacción de Pitt con Miranda.


Para el momento en el que tiene lugar esta primera conversación entre los dos hombres, España e Inglaterra están envueltas en una querella territorial que tiene como objeto las lejanas costas canadienses del Pacífico, y se ha visto exacerbada tras la toma de un asentamiento y varios buques ingleses por la armada española en julio de 1789. El llamado Incidente de Nutca renueva el tradicional belicismo que existe entre los dos países y crea también tensiones entre España y su aliada Francia, unida a ella por un pacto de defensa mutua.


Sin comprometerse a nada, el Primer Ministro despide a Miranda pidiéndole que desarrolle una propuesta formal sustanciada con documentos, propuesta que éste le hace llegar en dos envíos en marzo siguiente. Poco después, Pitt le hace saber a través de Pownall que Inglaterra sostendría su proyecto únicamente en caso de guerra con España, extremo al que íntimamente espera no llegar. El mandatario había iniciado su gobierno en 1784 debiendo hacer frente a la crisis económica desatada por la guerra de independencia de Estados Unidos [3]Morgan, Kenneth O., Editor: The Oxford Illustrated History of Britain, pp. 412-414, Oxford University Press, Oxford, 1984, y desea a toda costa evitar un nuevo conflicto. Presionar a España sobre su imperio americano es un argumento consecuente que se verá reforzado cuando Francia, sumida en el hervidero revolucionario que se ha iniciado un año antes, haga saber a Madrid que no le puede apoyar en una eventual conflagración.


La crisis está en pleno auge cuando, en mayo de 1790, Pitt accede a reunirse una segunda vez con Miranda para discutir sus ideas. El Primer Ministro no le revela que intenta afanosamente lograr un acuerdo con Madrid. El sudamericano contesta todas sus preguntas y aprovecha su comparecencia ante el mandatario para solicitar que el gobierno inglés le otorgue una subvención mensual para subsistir mientras se encuentra en Londres, petición que Pitt parece dispuesto a aceptar [4]Parra Pérez, Caracciolo: Miranda y la Revolución Francesa, Tomo I, pp. 82-83, Ediciones Culturales del Banco del Caribe, Caracas, 1966.


Entretanto, la Corte de Madrid observa con preocupación la situaciónen Francia y decide actuar con prudencia accediendo a un tratado para solucionar la crisis. Firmado en El Escorial en octubre de 1790, el acuerdo regulariza el comercio entre Inglaterra y España en el Pacífico Norte, y acaba con el interés estratégico de lo propuesto por Miranda.


Thomas Pownall

Thomas Pownall
(1722-1805)

Militar y parlamentario británico, gobernó varias provincias de Norteamérica antes de su independencia. Regresado a Inglaterra, toma un vivo interés en Miranda y sus ideas, y le da numerosos consejos para el manejo de sus tratos con el Primer Ministro Pitt. Será su amigo durante largos años.

Imagen: Wikipedia

Este último se percata inmediatamente de las implicaciones del convenio, pero seguirá esperando ansiosamente una respuesta del Primer Ministro durante varios meses. Tanto Pownall como el secretario de Pitt, Joseph Smith, le recomiendan paciencia, pero su situación personal hace esto sumamente difícil. A pesar de la ayuda material que recibe de su amigo Turnbull, su situación en Londres es delicada, "pues estoy privado de recibir mis recursos de Caracas [5]Parra Pérez, Caracciolo: Miranda y la Revolución Francesa, Tomo I, p. 83, Ediciones Culturales del Banco del Caribe, Caracas, 1966." Miranda seguirá haciendo referencia durante largo tiempo a la disponibilidad de una fortuna familiar en Caracas y desconoce quizás que para el momento del fallecimiento de su padre, el 1 de junio de 1791, la situación económica de su familia es precaria y ella no habría tenido manera alguna de enviarle fondos.


Su decepción es grande cuando, luego de intentar relanzar las conversaciones con Pitt de distintas maneras, el Primer Ministro le comunica en nota del 12 de septiembre de 1791, un año y tres meses después de su última entrevista, que no tiene interés por el momento en lo discutido y que la subvención que él esperaba se ha transformado en un pago único de 500 libras para resarcir los gastos incurridos durante las conversaciones, tras lo cual el gobierno de Su Majestad no asume ninguna otra responsabilidad.


El monto otorgado por Pitt es relativamente correcto ya que para ese momento un caballero de un cierto nivel puede subsistir en Londres por un año con 300 libras [6]Montefiore, Simon Sebag: Prince of Princes: The Life of Potemkin, Notas de Prólogo, Phoenix Press, Londres, 2000, pero ello no atenúa en nada la frustración de Miranda cuando Pitt decide no devolverle buena parte de los documentos originales que le había enviado con su propuesta, aduciendo que éstos se han extraviado.


Furioso, Miranda escribe a Pitt y le reclama el haberse quedado con lo que no es suyo, pues esos materiales le han sido “deliberadamente comunicados para promover la libertad y la felicidad del pueblo hispanoamericano, así como el bienestar y el honor de Inglaterra, una cosa siendo perfectamente compatible con la otra.”


Ya para ese entonces le ha hecho saber a su amigo, el Conde Vorontsov, que, en su opinión, Pitt es “un monstruo que no parece tener otro guía que los consejos de El Príncipe de Maquiavelo.” [7]Parra Pérez, Caracciolo: Miranda y la Revolución Francesa, Tomo I, p. 85, Ediciones Culturales del Banco del Caribe, Caracas, 1966


Seis años más tarde volverá a conversar con él.