De Cádiz a Madrid
y de Sebastián a Francisco


Sebastián llega a Cádiz el primero de marzo de 1771. Se aloja en casa de un amigo de la familia, el Sr. José de Añino, quien le ayuda a negociar las fanegas de cacao que trae consigo para financiar sus gastos.


Tras ocuparse de enviar a Caracas diversos encargos de su familia, viaja dos semanas después a Madrid, capital que vive entonces un gran impulso urbanístico, institucional y cultural en consecuencia de la acción de los sucesivos gobiernos de Carlos III.


Influenciado por la Ilustración, movimiento ideológico en boga que atribuye a la razón o el entendimiento humano una capacidad creadora y transformadora casi ilimitada, Carlos ejemplifica en España el llamado despotismo ilustrado que encuentra expresión en otros lugares de Europa en las personas de María Teresa  y José II de Austria, Catalina II de Rusia, Federico II de Prusia y Gustavo III de Suecia; son monarcas absolutistas que llevan a cabo reformas administrativas y obras públicas de importancia orientadas al beneficio de sus pueblos, sin llegar a conceder a éstos un rol político cualquiera.


Museo del Prado

"Un magnífico edificio situado a lo largo del Prado, más allá de los jardines del Retiro, comenzado hace menos de diez años. Está destinado a servir de Museo,
a él se trasladarán el Gabinete de Historia Natural. (...) Este bello monumento de arquitectura prevalecerá sobre todos los demás de la capital." Descripción del edifico original del Museo del Prado hecha en 1797 por el embajador francés en Madrid, Jean François Bourgoing, en su libro Nuevo viaje por España
o descripción del estado actual de esta monarquía.
Imagen: Wikipedia


Así, el Madrid que el recién llegado encuentra es una urbe en plena expansión donde en los próximos años se construirán obras de interés público como un nuevo Jardín Botánico, una nueva Academia de Historia Natural (que luego albergará al actual Museo del Prado), la manufactura de porcelana del Buen Retiro, el Hospital de San Carlos, la fuente de la Cibeles (que hoy es decorativa, pero que en ese momento sirve de surtidor público de agua), la Puerta de Alcalá, y muchas otras.


El 20 de abril de 1771, a menos de dos meses de haber llegado a la capital, Sebastián se compromete a adquirir una de cuatro patentes de capitán del Ejército Real que el aventurero alemán Johann Kaspar Thürriegel espera recibir de parte de Carlos III como pago de sus servicios en otra gran iniciativa impulsada por el monarca, el reclutamiento de 6 mil campesinos alemanes y flamencos de religión católica para poblar la Sierra Morena, en Andalucía.

Juan Gaspar de Thürriegel

Juan Gaspar de Thürriegel

Imagen: Blog Nuevas Poblaciones
de Sierra Morena y Andalucía


Mientras Thürriegel espera que las patentes le sean otorgadas, Sebastián aprovecha el ambiente cultural subterráneamente liberal que existe en Madrid para acceder a libros y autores de toda índole, incluso a aquéllos que están formalmente prohibidos. Leer y coleccionar libros es, de hecho, la primera gran pasión de su vida: estudia atentamente a Maquiavelo, a los clásicos de la antigüedad grecolatina, a los pensadores británicos Locke, Hume y Burke, y, como preparación a la carrera militar a la que aspira, lee también escritos sobre estrategia de Federico II de Prusia, a quien verá maniobrar su ejército personalmente 15 años más tarde.


Entre las lecturas que hace se encuentran también la Historia de la Destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas, y un autor que influye mucho sobre él y a quien llegará a conocer en persona, Guillaume Raynal, cuyo compendio condenatorio de la colonización, Historia filosófica y política del establecimiento y el comercio de los europeos en ambas indias, acaba de ser publicado. Ni científica, ni muy bien fundamentada, y escrita en su mayor parte por otras personas, la Historia filosófica goza de gran éxito y es objeto de 30 ediciones entre 1770 y 1787.


Estas lecturas inscriben plenamente su formación intelectual en los preceptos de la Ilustración. Desde esos primeros pasos en Madrid, hasta la última etapa de su vida en Venezuela y su prisión en Cádiz, Miranda será siempre en lo intelectual un hombre de la Ilustración y tendrá la tendencia a expresarse y a tomar decisiones, no siempre afortunadas, en base a su comprensión de lo que es lógico y racional, aún cuando esto vaya en contra del entendimiento que otras personas puedan tener.

Cubierta Tomo I Historia Filosófica de Raynal

Facsímil de la cubierta del primer tomo de la edición original de 1770 de la Historia filosófica de Guillaume Raynal.

Imagen: Wikipedia


En un plano académico, en Madrid se dedica al estudio de las matemáticas, el francés, el inglés, la geografía y la música; practica la flauta. Su profesor de francés es el señor De la Planche, con quien recorre los alrededores visitando todo lo visitable -siembras, edificios, iglesias, bibliotecas- y anotando en su diario lo que observa. Buen joven de provincia, casi todo le impresiona.


Tras obtener, en noviembre de 1772, un certificado oficial de pureza de sangre (las personas con ascendientes judíos o musulmanes a partir de 1570 están vedadas de servicio), en enero de 1773 el joven Miranda paga a Thürriegel por la patente de capitán la cantidad considerable de 85 mil reales, con toda probabilidad enviados por su familia desde Caracas. La adquisición le da el derecho de pasar al ejército de Su Majestad como oficial sin necesidad de experiencia previa. Entra a servir en el Regimiento de la Princesa, comandado entonces por una persona que será determinante en su vida, el coronel Juan Manuel de Cagigal y Monserrat.


Es a partir de ese momento que Sebastián, por alguna razón no conocida, deja de utilizar su primer nombre y se hace llamar Francisco de Miranda a secas.