Independencia


El regocijo en La Guaira por la llegada de Miranda parece tomar por sorpresa a buena parte de quienes manejan la situación política en Caracas. Muchos lo miran con recelo pues de él solo conocen lo que puede saberse de alguien que, tras cuatro décadas de ausencia, ha sido recientemente objeto de una campaña de denigración que lo asocia con cuanto peligro real o imaginable existe.


5 de julio de 1811 Juan Lovera

El 5 de julio de 1811, oleo sobre tela realizado por Juan Lovera en 1837.

Después de un mes de debates, la declaración de independencia es acordada por el Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela el 5 de julio de 1811 y el acto solemne de firma tiene lugar dos días después, el día 7 de julio, en el lugar de sesiones, el entonces seminario de Santa Rosa de Lima, actual Palacio Municipal de Caracas. En la franja inferior, el artista incluye una leyenda donde identifica a buena parte de los participantes. Miranda aparece de pie y vestido de civil, en primer plano, a la derecha. Imagen: Wikipedia

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La intercesión de Simón Bolívar y la buena acogida que el pueblo espontáneamente le dispensa influyen para que las autoridades de Caracas le den definitivamente la bienvenida, lo que también subraya la evolución clara hacia la independencia que ya está en marcha antes de su llegada: el simple hecho de que se le permita desembarcar en un dominio español cuando desde cuatro años atrás pesa sobre él una proscripción es signo de que esa condena ya no es tomada en serio y que la Junta Suprema de Caracas se siente suficientemente segura de la situación como para actuar en forma distinta a lo exigido por la autoridad colonial que ella ha reemplazado.


La bienvenida no significa que la presencia de Miranda sea vista por todos como necesaria o siquiera deseable. En la misma nota donde el jurista Juan Germán Roscio, Secretario de Relaciones Exteriores de la Junta caraqueña, le informa que puede dirigirse a su ciudad natal, éste deja claro que los dirigentes caraqueños no esperan de él un liderazgo de ninguna índole; a lo sumo, le invitan a servir a su país con los conocimientos, experiencia y familiaridad con otros países que ha adquirido durante sus largos años en el extranjero. De los miembros de la Junta, solo uno, el sacerdote José Cortés de Madariaga, figura central de la jornada del 19 de abril de 1810, se traslada a recibirlo a la entrada de la ciudad.


La tibia acogida no es obstáculo para que Miranda gane pronto terreno en las simpatías locales y para el 21 de diciembre la Gaceta de Caracas anuncia que el pueblo ha dado su bienvenida "al hombre que había [sido] olvidado [por] su patria, pese a las distinciones que se habían acumulado sobre él." Los esfuerzos pasados del hombre que ahora se aloja en casa de Bolívar son vistos bajo una luz muy diferente de aquélla que había primado 4 años atrás: de traidor pasa a ser miembro de la élite política local; la condena emitida en su contra es levantada y recibe gestos de desagravio que agradece gustoso. También se le nombra teniente general con sueldo, todavía nominalmente al servicio de Fernando VII, nombramiento que le permite escribir a Londres para renunciar a la pensión que las autoridades inglesas le habían otorgado tiempo atrás (ver Una vida normal).

Juan Germán Roscio

Juan Germán Roscio
(1763-1821)


Abogado y jurista, es el redactor principal del Acta de la Independencia de Venezuela.

El caso de Roscio refleja aquél de muchos de los padres de la independencia hispano-americana: inicialmente fiel a España y a la monarquía (como fiscal de la causa había pedido la pena de muerte para los 10 tripulantes del Leander ejecutados en 1806), evoluciona en su pensamiento hacia la causa autonomista y, posteriormente, hacia la republicana, a medida que los eventos europeos ponen en evidencia la deslegitimación del dominio español en América.

A pesar de sus desavenencias iniciales con Miranda, es de mencionarse que Roscio es una de las actores políticos del momento que permanecen a su lado durante el difícil período previo a la capitulación de 1812. Hecho prisionero, es enviado en cadenas a España, de donde se le remite a prisión en Ceuta, en el norte de Africa. Con otros prisioneros logra escapar y llegar a Gibraltar, solo para ser devuelto por las autoridades británicas locales a las españolas. A diferencia de lo ocurrido con Miranda, se beneficia de presiones inglesas sobre Madrid y es puesto en libertad en noviembre de 1815.

Regresado a América, sirve a la causa independentista en distintos roles hasta su muerte, acaecida en 1821 mientras se desempeña como Vicepresidente de lo que hoy se conoce como la Gran Colombia.


Todo ello no convence, sin embargo, a un sector de la élite criolla que maniobra a espaldas del recién llegado para evitar que ejerza mayor rol en la toma de decisiones. Hay ciertamente varias razones para esta desconfianza y entre ellas se pueden citar su origen en un estamento inferior al de esas grandes familias y también el hecho de que su mayor cultura y experiencia política, así como su ideario francamente libertario y democrático, son vistos como peligrosos por esa aristocracia local que teme ser arrollada por los otros estamentos de un orden político ya anteriormente desestabilizado por la crisis política española (ver Napoleón).


Una extensa relación de lo que se le critica aparece en una carta escrita por Roscio en junio de 1811 a su amigo Andrés Bello: Miranda se reviste "de un tono muy religioso cuando va a visitar al arzobispo"; Miranda "se jactaba de que él todo lo compondría"; Miranda da "pasos indiscretos" con respecto a "la gente de color, demasiado lisonjeada con sus visitas, conversaciones y palabras significativas de ideas liberalísimas [1]Mijares, Augusto : Lo Afirmativo Venezolano, pp. 69-74, Editorial Dimensiones, Caracas, 1980". No contento con lo anterior, Roscio llega incluso a acusarlo de ser un "diseminador de la discordia y chismes"[2]Quintero, Inés: El hijo de la panadera, p. 158, Editorial Alfa, Caracas, 2014, actitud que de ninguna manera concuerda con el comportamiento exhibido por el aludido durante los más de 40 años de su vida adulta de los que se conservan registros.


Miranda parece no darle importancia a los recelos que causa y, como es su costumbre, mantiene un alto nivel de actividad. Asiste regularmente a las sesiones de la primera organización política no gubernamental venezolana, la Sociedad Patriótica, en la que su amigo francés Antoine Leleux, secretario de Simón Bolívar a su regreso de Londres, tiene un rol de organizador. En ese marco, participará en los actos de celebración del primer aniversario de los hechos del 19 de abril de 1810 y el periódico de la Sociedad, El Patriota de Venezuela, publica en su segundo número una traducción al castellano de su texto de 1795 sobre la situación política de Francia [3]Quintero, Inés: El hijo de la panadera, p. 156, Editorial Alfa, Caracas, 2014. En junio, Miranda ejerce la presidencia transitoria de la organización en la que novedosamente participan, junto a los criollos blancos, miembros mestizos o pardos. En algún momento la asistencia contará también con la presencia de mujeres, quizás la mayor novedad de todas.


La presidencia de Miranda de la Sociedad Patriótica coincide con su elección como representante por El Pao al Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela. Reunido desde el mes de marzo para discutir la organización política a futuro de esas provincias, en él participan representantes de todas las regiones de la actual Venezuela, con la notable excepción de Maracaibo, Coro y Guayana, que no aceptan la autoridad de la Junta de Caracas y mantienen lealtad al Consejo de Regencia que gobierna en Sevilla a nombre de Fernando VII.


Según Roscio, es adrede que a Miranda no se le otorga inicialmente ningún rol de relevancia en el Congreso, relegación que el recién llegado deplora, pero que acepta mal que bien pues ella no le impide dejar en claro su posición sobre el futuro de Venezuela en varios discursos sucesivos: cualquier deber de lealtad formal hacia la corona española quedó anulado en el momento en el que Fernando VII renunció al trono; la única vía posible a seguir es la independencia total.


La asamblea estudiará la factibilidad teórica de la independencia. Se examinará el modelo estadounidense, se analizarán las diferencias culturales entre las poblaciones de Norte y Suramérica y se sopesarán riesgos como aquél de que se produzca una emigración masiva. A todas esas inquietudes Miranda aportará respuestas sobre la base de su experiencia en Norteamérica y Europa; pese a los recelos que existen hacia él, dice Roscio, su conducta "le granjeó mejor concepto, se portaba bien y discurría sabiamente [4]Citado en Vida de Don Andrés Bello, por Miguel Luis Amunátegui, Impreso por Pedro G. Ramírez, Santiago de Chile, 1882."


El 4 de julio de 1811, un grupo de representantes de la Sociedad Patriótica exige ante el Congreso que éste declare la independencia: "Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos," dice el documento que presentan, con palabras de Simón Bolívar. Es así que el 5 de julio el Congreso declara, con los votos de 30 diputados y uno salvado, y "en el nombre de Dios Todopoderoso", la independencia de Venezuela, que quedará plasmada oficialmente en el papel dos días más tarde. Esa Venezuela en la que las noticias viajan con la velocidad máxima con la que galopa un caballo, aquella dividida capitanía general donde muchos temen las consecuencias de separarse del orden colonial establecido, es la primera colonia hispanoamericana en declararse país libre de toda sujeción a la autoridad de los monarcas de España, y el tercer territorio en el hemisferio, luego de Estados Unidos y Haití, en decirse independiente.  El nuevo país tendrá como insignia una bandera tricolor basada en aquélla usada por Miranda en su expedición de 1806, a la cual el comité integrado por él, Lino de Clemente y José de Sata y Bussy añade la efigie de un guerrero indígena al borde del océano, armado con una lanza coronada por el gorro frigio y con el sol de la libertad surgiendo en el horizonte.


Como cabía esperarse, el 11 de julio, menos de una semana después de declarada, se producen en Caracas y en la cercana ciudad de Valencia los primeros alzamientos en contra de la emancipación. Los vecinos independentistas de Caracas se movilizan rápidamente y la rebelión es sofocada allí en breve tiempo; diecisiete insurrectos serán ajusticiados por orden de un juez. "Sin esta sangre derramada, nuestro sistema sería vacilante, y nuestra independencia no quedaría bien establecida," señala Roscio en otra carta dirigida a Bello a finales de agosto, en la que se refiere a los anti-independentistas como "delincuentes" y "enemigos".


En Valencia, los muertos por la reacción realista serán más de 350, según el mismo Roscio. No será fácil sofocar lo que en realidad constituye el inicio de 10 años de una guerra que será tan terrible como cualquiera ocurrida antes o después.


Por lo pronto, Roscio prefiere guardar el optimismo al asegurar a Bello que "en América, todo va bien."