Independencia


El regocijo por la llegada de Miranda parece tomar por sorpresa a buena parte de quienes manejan la situación política en Caracas. Muchos de ellos le miran con recelo pues de él sólo conocen lo que puede saberse de alguien que, tras cuatro décadas de ausencia, ha sido objeto de una campaña de denigración que lo asocia con cuanto peligro real o imaginable existe.

Juan Germán Roscio

Juan Germán Roscio
(1763-1821)


Abogado y jurista, es el redactor principal del Acta de la Independencia de Venezuela.

El caso de Roscio refleja aquél de muchos de los padres de la independencia hispano-americana: inicialmente fiel a España y a la monarquía (como fiscal de la causa había pedido la pena de muerte para los 10 tripulantes del Leander ejecutados en 1806), evoluciona en su pensamiento hacia la causa autonomista y, posteriormente, hacia la republicana, a medida que los eventos europeos ponen en evidencia la deslegitimación del dominio español en América.

Hecho prisionero tras la capitulación de 1812 y enviado en cadenas a España, de allí se le remite a prisión en Ceuta, en el norte de Africa. Con otros prisioneros logra escapar y llegar a Gibraltar, sólo para ser devuelto por las autoridades locales a los españoles. A diferencia de lo ocurrido con Miranda, se beneficia de presiones británicas sobre Madrid y es puesto en libertad en noviembre de 1815.

Regresado a América, sirve a la causa independentista en distintas capacidades hasta su muerte, acaecida en 1821 mientras se desempeña como Vicepresidente de lo que hoy se conoce como la Gran Colombia.


La intercesión de Bolívar y la buena acogida que el pueblo de La Guaira le dispensa espontáneamente influyen para que las autoridades de Caracas le den definitivamente la bienvenida, lo que también subraya la evolución clara hacia la independencia que está en marcha ya antes de su llegada: el simple hecho de que se le permita desembarcar en un dominio español cuando desde años atrás pesa sobre él una proscripción es signo de que esa condena ya no es tomada tan en serio y que la Junta Suprema de Caracas se siente suficientemente segura de la situación como para actuar en forma distinta a lo exigido por la autoridad colonial que ella ha reemplazado.


La bienvenida no significa, sin embargo, que la presencia de Miranda sea vista por todos como necesaria o siquiera deseable. En la misma nota donde el jurista Juan Germán Roscio, Secretario de Relaciones Exteriores de la Junta caraqueña, le informa que puede dirigirse a su ciudad natal, Roscio deja claro que los dirigentes caraqueños no esperan de él un liderazgo de ninguna índole; a lo más, le invita a servir a su país con los conocimientos, experiencia y familiaridad con otros países que ha adquirido durante sus largos años en el extranjero. De los miembros de la Junta, sólo uno, el sacerdote José Cortés de Madariaga, figura central de la jornada del 19 de abril de 1810, se traslada a recibirlo a la entrada de la ciudad.


En pocos días, sin embargo, Miranda logra ganar terreno en las simpatías locales y para el 21 de diciembre la Gaceta de Caracas publica que el pueblo ha dado su bienvenida "al hombre que había olvidado su patria, pese a las distinciones que se habían acumulado sobre él." Sus pasados esfuerzos aparecen ahora bajo una nueva luz, muy diferente de aquélla que había primado 4 años antes: otrora visto como traidor, en poco tiempo pasa a ser miembro de la élite política local; la condena emitida en su contra es levantada y recibe muestras de desagravio que agradece gustoso. También se le nombra Teniente General con sueldo, todavía nominalmente al servicio de Fernando VII, nombramiento que le permite escribir a Londres para renunciar a la pensión que las autoridades inglesas le habían otorgado tiempo atrás (ver Una vida normal).


Todo esto no convence, sin embargo, a un sector de la élite criolla que maniobra a espaldas del recién llegado para evitar que ejerza mayor rol en la toma de decisiones. Hay varias razones para esta desconfianza y entre ellas se pueden citar su origen en un estamento foráneo al de esas grandes familias, y el hecho de que su mayor cultura y experiencia política, así como su ideario francamente libertario y democrático, son vistos como peligrosos por esa aristocracia local que teme ser arrollada por los otros estamentos de un orden social desestabilizado.


Una extensa relación de lo que se le critica aparece en una carta escrita por Roscio a Andrés Bello: Miranda se reviste "de un tono muy religioso cuando va a visitar al arzobispo"; Miranda "se jactaba de que él todo lo compondría"; Miranda da "pasos indiscretos" con respecto a "la gente de color, demasiado lisonjeada con sus visitas, conversaciones y palabras significativas de ideas liberalísimas [1]Mijares, Augusto : Lo Afirmativo Venezolano, pp. 69-74, Editorial Dimensiones, Caracas, 1980".


El aludido parece no darse cuenta de los recelos que causa y, como es su costumbre, mantiene un alto nivel de actividad. Preside los actos de celebración del primer aniversario de los hechos del 19 de abril de 1810, y ejerce en junio siguiente la presidencia transitoria de la primera organización política no gubernamental venezolana, la Sociedad Patriótica, cuyas puertas abre a los mestizos o pardos; allí, él, Simón Bolívar y muchos otros abogan abiertamente por la causa de la independencia.


Su presidencia de la Sociedad Patriótica coincide con la instalación, el 2 de junio de 1811, del Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela. Convocado para discutir la organización política a futuro de esas provincias, el Congreso reúne diputados de todas las regiones de la actual Venezuela, con excepción de Maracaibo, Coro y Guayana, que han preferido mantener su lealtad al Consejo de Regencia que gobierna en Sevilla a nombre de Fernando VII.


Miranda es elegido a esa asamblea sólo en el último momento. Según Roscio, es adrede que en ella no se le otorga ningún rol de relevancia, relegación que el recién llegado acepta mal que bien pues ella no le impide dejar en claro su posición sobre el futuro de Venezuela: cualquier deber de lealtad formal hacia la corona española quedó anulado en el momento en el que Fernando VII renunció al trono (Ver Napoleón); la única vía posible es la independencia total.


Firma del Acta de la Independencia de Venezuela

Firma del Acta de la Independencia de Venezuela, en Caracas (bosquejo realizado por el pintor venezolano Martín Tovar y Tovar alrededor de 1875). La declaración de independencia es acordada en Caracas el 5 de julio de 1811 y el acto de firma tiene lugar dos días después, el día 7 de julio. El artista representa a Miranda en uniforme militar, a la izquierda, con la mano izquierda descansando en el puño de la espada.

Durante un mes el Congreso estudia la factibilidad teórica de la independencia. Se examina el modelo estadounidense, se analizan las diferencias entre las poblaciones de Norte y Suramérica y se sopesan riesgos como aquél de que se produzca una emigración masiva. A todas esas inquietudes Miranda aporta respuestas sobre la base de su experiencia en Norteamérica y Europa. Pese a los recelos que existen hacia él, dice Roscio, su conducta "le granjeó mejor concepto, se portaba bien y discurría sabiamente [2]Citado en Vida de Don Andrés Bello, por Miguel Luis Amunátegui, Impreso por Pedro G. Ramírez, Santiago de Chile, 1882."


Finalmente, el 5 de julio de 1811, el Congreso declara, con los votos de 30 diputados y uno salvado y "en el nombre de Dios Todopoderoso", la independencia de Venezuela, que quedará plasmada oficialmente en el papel dos días más tarde. Venezuela es la primera colonia hispanoamericana en declararse país libre de toda sujeción a la autoridad de los monarcas de España, y el tercer territorio en el hemisferio, luego de Estados Unidos y Haití, en decirse independiente.  El nuevo país tendrá como insignia una bandera tricolor basada en aquélla usada por Miranda en su expedición de 1806, a la cual el comité integrado por él, Lino de Clemente y José de Sata y Bussy añade la efigie de un guerrero indígena al borde del océano, armado con una lanza coronada por el gorro frigio y con el sol de la libertad surgiendo en el horizonte.


Como cabe esperar, no todo el mundo está de acuerdo con la independencia y el 11 de julio, menos de una semana después de declarada, se producen en Caracas y en la cercana ciudad de Valencia los primeros alzamientos en contra de ella. Los vecinos de Caracas se movilizan rápidamente y la rebelión allí es sofocada en breve tiempo; diecisiete insurrectos serán ajusticiados por orden de un juez. "Sin esta sangre derramada, nuestro sistema sería vacilante, y nuestra independencia no quedaría bien establecida," señala Roscio en una carta dirigida a su amigo Andrés Bello, en la que se refiere a los anti-independentistas como "delincuentes" y "enemigos".


En Valencia, los muertos por la reacción realista serán más de 350, según el mismo Roscio. No será fácil sofocar lo que en realidad constituye el inicio de 10 años de una guerra que será tan terrible como cualquiera ocurrida antes o después.


Por lo pronto, Roscio guarda el optimismo al asegurar a Bello que "en América, todo va bien."