Londres


Francisco de Miranda deja los Estados Unidos en dirección a Inglaterra el 15 de diciembre de 1784. Amigos norteamericanos que están al tanto de su situación personal y de sus deseos de mejorar sus conocimientos le sugieren trasladarse a la Gran Bretaña, país que, según uno de ellos, Mr. Duer, "durante mucho tiempo ha sido considerada por los extranjeros inteligentes como la Nación de los filósofos [1]Miranda, Francisco de: Archivo del General Miranda, Tomo V, p. 260, Editorial Sur-América, Caracas, 1930."


Miranda se embarca en Boston sin saber que tres meses antes Floridablanca había informado a su representante en Londres, Bernardo del Campo, sobre la probabilidad de que el oficial fugitivo viajara a Inglaterra. Si tal era el caso, Del Campo debía obtener su confianza para facilitar su captura en el momento oportuno.


Vista de Charing Cross, Londres, hacia 1752, por Canaletto

Vista del céntrico barrio de Charing Cross, Londres, hacia 1752, con la residencia del Duque de Northumberland al fondo; óleo por Giovanni Antonio Canal o Canaletto. El lugar retuvo esta fisonomía mientras Miranda vivió en Londres y hasta 1873, cuando la imponente morada fue demolida para hacer espacio a una avenida. Imagen: Wikipedia

El desconocido que desembarca en Londres el 1 de febrero de 1785 trae consigo algunas cartas de presentación. Aparte de sus libros y algunos efectos personales, no tiene gran cosa de más. Tiene poco dinero, pero pronto solicita y obtiene alguna ayuda de John Turnbull, aquel mismo comerciante con quien había trabado amistad en Gibraltar en 1778 (Ver Al servicio del rey). Turnbull es socio principal de la gran casa de comercio Turnbull & Forbes y será su principal benefactor por el resto de su vida, en parte por interés comercial y en parte por verdaderos nexos de amistad que él y su hijo Peter mantendrán con Miranda.


La Gran Bretaña es la principal nación marítima de su tiempo y su imperio, en términos de territorio, es para ese entonces segundo sólo al de España, pero en algunas décadas será mucho mayor; Inglaterra será la gran potencia del siglo XIX. Al momento de la llegada de Miranda, su rey, Jorge III, ha estado 25 años en el trono, al cual había ascendido al tiempo que daba sus primeros e incipientes pasos el proceso de trasformación tecnológica y social que luego se conocerá como la Revolución Industrial y que se extenderá por toda Europa, Norteamérica y, finalmente, el mundo. Desde 1783, su reino es administrado por un brillante Primer Ministro, a la sazón de 26 años, llamado William Pitt, a quien la Historia ha llamado El Joven para diferenciarlo de su padre, quien también se llamara William y había sido brevemente Primer Ministro una generación antes.


Miranda tratará ampliamente con Pitt y muchos otros políticos británicos sobre la independencia de América hispana, pero estos contactos no ocurrirán sino a partir de 1789. En esta primera estadía londinense de 1785, el fugitivo se enfoca principalmente en agilizar los asuntos que tiene pendientes con las autoridades españolas y en proseguir en Europa el estudio del mundo a través del viaje que ya ha emprendido en Norteamérica. La idea de la independencia hispanoamericana ronda ciertamente en su espíritu, pero no es aún un proyecto definido ni íntima ni formalmente.


Conde de Floridablanca

José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca (1728 -1808)

En tanto que Secretario de Estado de Carlos III y de su sucesor, Carlos IV, utiliza la red diplomática de España en toda Europa para intentar capturar a Miranda durante los viajes que realiza entre 1785 y 1789.

Imagen: Wikipedia

Así, al poco tiempo de llegar a Londres, Miranda se anuncia ante el embajador Del Campo, quien cumple las órdenes de Floridablanca mostrándose muy servicial y benévolo. Sin querer por ello renunciar a su nacionalidad española, Miranda manifiesta su deseo de desincorporarse del ejército de Su Majestad, y envía a tal efecto, el 10 de abril de 1785, una larga carta a Carlos III dónde explica su recorrido en el Ejército Real, así como la razón que, según él, precipitara su desgracia: el simple hecho de ser americano y no un español de la Península. Probablemente envalentonado por la manipulación de Del Campo, Miranda solicita también al monarca el reembolso del dinero que había pagado al comprar su licencia de capitán 12 años atrás y los salarios que no ha recibido desde su salida de Cuba.


Quizás el remitente considera ingenuamente esta carta como una simple gestión administrativa, pero el tono que adopta al escribir da indicios de lo que es su actitud personal en ese momento de su vida: al tiempo que presenta con orgullo su recorrido militar y existencial, se dirige al monarca con respeto mas sin avasallamiento, prácticamente como si ambos estuviesen a un mismo nivel, guardando sin embargo las formulaciones de uso para dirigirse a "Vuestra Majestad". No parece contemplar siquiera la posibilidad de que el monarca lo considere un desertor; simplemente expone y argumenta sus razones para abandonar el Ejército Real, y espera la comprensión de su destinatario por la simple lógica de lo expuesto.


Floridablanca, a quien dirige la misiva como intermediario, le hace acuso de recibo en el mes de mayo siguiente. Con miras a despistarlo mientras coordina con Del Campo un plan para su captura, el jefe del gobierno español le responde que necesitará un cierto tiempo para leer su comunicación e informar debidamente al monarca, por lo que Miranda deberá esperar con paciencia la respuesta del Rey.


Esto no será fácil para él, pues su situación económica es precaria. El día 12 de ese mismo mes de mayo de 1785, Miranda escribe a Caracas a su cuñado Francisco Arrieta explicando su situación personal y la pérdida de sus bienes -real o ficticia- en el hundimiento de un navío español por la marina inglesa; solicita que su familia le envíe 2.000 pesos. No recibirá respuesta, pues esta carta y otras que firma con su apodo familiar, Pancho, son retenidas por la embajada española y no llegan nunca a su destino. [2]Polanco Alcántara, Tomás: Francisco de Miranda ¿Don Juan o Don Quijote?, pp. 165-166, Editorial Ge, Caracas, 1996


La suerte le sonríe cuando, poco después, llega a Londres uno de sus amigos norteamericanos, el coronel William Stephens Smith, quien viene a ocupar el cargo de Secretario del primer embajador de Estados Unidos en Inglaterra, el abogado y futuro presidente John Adams. Smith será el más constante de los amigos estadounidenses de Miranda; se casará al año siguiente con la hija de Adams, Abigail, y el hijo de ambos, William Steuben, participará 20 años más tarde en la expedición del Leander.


Americano uno del norte y el otro del sur, los dos hombres son también militares y se entusiasman con la idea de viajar a la Europa continental para asistir a las célebres maniobras del ejército prusiano bajo el mando de Federico II. Sin demasiado dinero, fugitivo de su gobierno e ignorando que España se apresta a capturarlo, Miranda escribe de nuevo a Floridablanca para informarle que, mientras espera que Carlos III esté en capacidad de pronunciarse sobre su caso, aprovechará la oportunidad de viajar a Prusia, quedando al mismo tiempo como "su más atento y obediente servidor."


Es entonces que realiza un gesto que pone de manifiesto que él también sabe hacer un doble juego: antes de partir, se las arregla para hacer publicar, en uno de los principales periódicos londinenses, un artículo anunciando, una semana después de su salida hacia Prusia, la llegada a Inglaterra de un español americano que podría algún día convertirse en aquél que concediera "la bendición de la libertad" a los pueblos oprimidos de la América española.