Francisco de Miranda en cuarentena a las puertas del imperio ruso (1786)

Escribiendo, leyendo y maldiciendo, pero no únicamente: así fue que Francisco de Miranda sobrellevó voluntariamente una dura cuarentena de treinta días, entre octubre y noviembre de 1786, frente a la ciudad de Jersón, Ucrania, por satisfacer su deseo de visitar el imperio ruso.

A sus 36 años cumplidos, este deseo significaba la continuación del viaje que había iniciado con una primera etapa en Norteamérica con el fin de visitar y examinar “personalmente con inteligencia prolija en el gran libro del universo; las sociedades más sabias y virtuosas que lo componen; sus leyes, gobierno, agricultura, policía, comercio, arte militar, navegación, ciencias, artes, etc...”, tal como le había escrito en abril de 1783 a su oficial superior en La Habana, Juan Manuel Cagigal y Montserrat, al momento de desobedecer la orden de regresar a España para ser juzgado por acusaciones que ambos hombres estimaron infundadas.

Jersón en 1892

Plano de la ciudad puerto de Jersón, Ucrania, fechado en 1892. Aprobada por la emperatriz Catalina II el 31 de mayo de 1778, su construcción fue supervisada directamente por su fundador, el príncipe Grigori Potemkin, principal artífice de la conquista rusa de la Crimea y de otros territorios de los alrededores del Mar Negro. Como Sebastopol y otros puertos fundados por Potemkin, Jersón debía servir de astillero naval, puerto comercial, y de vitrina del desarrollo económico y cultural ruso, como lo era ya San Petersburgo en el mar Báltico. No menos de 500 carpinteros y miles de trabajadores, a los que se sumaron al menos mil presos condenados a trabajos forzosos, participaron en su construcción.

Se puede observar la Isla de la Cuarentena, donde estuvo confinado Miranda, en la esquina inferior izquierda del plano. En 2020, todavía existe allí una calle que lleva el nombre en inglés de Quarantine Island.

Imagen: Wikipedia

Tras permanecer en Estados Unidos durante un año y medio, Miranda había viajado a Inglaterra a inicios de 1785 y desde allí había emprendido el viaje de cuatro años que eventualmente hará por casi todo el continente europeo. Inicialmente le acompañó el coronel William Stephens Smith, antiguo secretario de George Washington y futuro yerno del presidente John Adams, de quien se despidió en Viena, cuando Smith debió regresar a Londres para retomar su trabajo en la misión diplomática de su país. A partir de entonces, Miranda había continuado su viaje en solitario y, a veces, en la compañía de sirvientes o guías que fue contratando sobre la marcha.

Así fue que en octubre de 1786, el teniente coronel considerado ya desertor por el gobierno de Su Majestad Católica, Carlos III, llegó a la Isla de la Cuarentena, en el río Dniéper, frente a Jersón. Fundada solo ocho años antes, la ciudad estaba situada en una zona pantanosa regularmente afectada por olas epidémicas que, para ese año de 1786, habían hecho que un importante inversionista francés, Antoine-Ignace Anthoine, perdiera a sus hermanos y a muchos de sus empleados, y escribiera que la ciudad “parecía un vasto hospital: solo se veían muertos y gente agonizando.” Miranda parece no haber estado al tanto del delicado contexto sanitario de Jersón y, como se verá, no comprenderá que se aplique a los viajeros el régimen estricto al que debe someterse.

Para ese entonces, el viajero se había desplazado por los territorios de los actuales países de Holanda, Alemania, Austria, Hungría, Italia, Croacia, Grecia y Turquía. En Estambul, aún llamada Constantinopla, Miranda fue huésped del embajador de Suecia, el señor de Heidestam; del agregado militar de Francia, señor de Brentano; y del banquero holandés Van der Schroder. No viene al caso detallar aquí cómo fue que un sudamericano prófugo, sin título nobiliario alguno, fuera tan bien recibido por esos altos personajes; baste saber que, por un aparente error del embajador de España, a Miranda se le creyó poseer el título nobiliario de conde, y el ennoblecido fugitivo tuvo la suficiente prestancia, cultura, idiomas y don de gentes como para asumir el rol a cabalidad, sin que nadie se atreviera a preguntarle algo al respecto.

El lector hará bien en tener esto en mente cuando lea las difíciles condiciones de cuarentena descritas por el propio Miranda bajo estas líneas: tras ser huésped de señoriales y suntuosas residencias, el caraqueño pasará a ocupar una casucha cuyas ventanas sin vidrios dejan pasar el viento frío del invierno que llega y con una silla como único mobiliario; durante al menos 20 días no tendrá cama en la que colocar su colchoneta de viaje, por lo que deberá dormir en el piso gélido. Será testigo del sufrimiento de otras personas y lo consignará en su diario, que será su principal distracción durante la penosa estadía, soportable solo por la asistencia que recibe de un comerciante holandés, el señor Van Schoten, quien se asegura de que tenga suficiente comida para alimentarse.

El lector deberá tener en cuenta también un segundo punto: Miranda asume esa cuarentena como el precio a pagar por satisfacer su deseo personal de visitar el imperio ruso. Al iniciarla, ignora totalmente que, una vez superado el trance, será presentado al hombre más poderoso de Rusia, el príncipe Potemkin, y que éste, a su vez, lo introducirá en la corte de la emperatriz Catalina II, quien tomará un vivo interés en él – nunca fue su amante, como algunos todavía se empeñan en hacer creer – y le otorgará una protección imperial que, en los años siguientes, le será muy útil y lo salvará de varios intentos de captura por parte de España. Cuando escribe en su diario los párrafos siguientes, Francisco de Miranda es un simple viajero y nada más.

Transcripción realizada a partir del texto original publicado en el Archivo del General Miranda, Tomo III, pp. 194-199, Editado por Vicente Dávila, Ed. Parra-León Hermanos, Caracas, 1929. Las notas a pie de página insertas sobre un fondo amarillo son de Miranda. La información entre corchetes [ ] ha sido añadida por el autor de esta página, y la ortografía y puntuación han sido actualizadas al castellano moderno, todo ello para facilitar la lectura y comprensión.

"5. [de octubre de 1786]

Miranda por Lips

Francisco de Miranda hacia 1786.

Reproducción de autor desconocido de un original al creyón localizado en la Biblioteca Nacional de Viena por el historiador venezolano Caracciolo Parra-Pérez, atribuído al grabador suizo Johann Heinrich Lips.

Miranda viste la empolvada peluca que infaltablemente formaba parte del atuendo personal de un caballero del siglo 18.

A la punta del día vino a llamarme mi [sirviente] griego Nicola para embarcarnos en el tumbazo [o pequeño barco] turco. Dimos vela a las siete, y con viento flojo remontamos el Dniéper, o Boristhenes, remarcando los límites entre la Tartaria rusa y la turca. Al ponerse el sol llegamos a Gloubok [Glubókoie, en ruso, y Hlyboke, en ucraniano], ensenada donde cargan las embarcaciones mercantes que se despachan de Jersón [Chersona, en el original] y está a 30 millas de Osun [la actual Korsunka]: aquí se nos pidieron nuestros nombres y pasaportes por la embarcación de guardia; yo dije que no tenía ninguno para que nos despachasen pronto; mas viendo que no me dejarían pasar, fue necesario manifestarlo. Un poco más arriba fue menester dar fondo, soplando el viento fuertemente y contrario.

6.

Un temporal deshecho del Norte, y así no pudimos movernos ni hacer fuego, que es lo peor… maldita noche.

7.

Abonanzó el tiempo temprano. Hicimos [algo] que comer caliente y nos pusimos a la vela a las 10 con viento flojo del N.O. A las 4 p.m. estábamos como a 5 millas de Jersón, y faltando el viento pusimos nuestra gente a tierra, que con una cuerda tiraban la barca (cuatro hombres) y así llegamos antes del anochecer al Lazareto [en la Isla de la Cuarentena], a 30 millas de Gloubok. Al parecer, era menester aún pasar la noche a bordo: mas vino luego el Comandante y me hizo desembarcar con mucha política [cortesía], dándome por alojamiento una casa con todos los vidrios de las ventanas rotos y las puertas sin con qué cerrarlas - una silla, un candelero y una vela de sebo, por [todo] favor [o comodidad]. Gracias [le di] a mi colchón.

8.

Temprano vino dicho Comandante Giorgo Bau (griego de nación, y teniente de caballería en el servicio ruso) para ver si tenía algunas cartas, pasaportes, etc. Le di las que traía para el General Rapninsky, Cónsul Imperial [austríaco] Rosaróvich, Mr. Van Schoten, negociante [holandés], etc., con mis pasaportes. Poco después vino a hablarme un negociante francés que también acaba de entrar en cuarentena, Mr. Roux, ofreciéndome los servicios de vecindad, etc., y con quien tuve un poco de sociedad; igualmente que con mi capitán Melchiori [capitán del navío Cesare Augusto, en el que Miranda había navegado desde Estambul hasta la desembocadura del Dniéper], [al] que también encontré aquí. Por la noche a leer un poco; y gracias [di] a mi colchón pelado y a mi pelisa [o manto] de Viena.

9.

Por la mañana tuve al Vicecónsul Imperial [austríaco] con cumplidos de la parte de Mr. Rosaróvich, que se halla enfermo con la gota, y también de la parte del Sr. Van Schoten. Este vino por la tarde y me ofreció sus servicios de un modo sincero, asegurándome que si Rapninsky estuviese al mando, duraría muy poco la contumacia [de la cuarentena]; mas que el nuevo General, Tekely, era hombre de diverso modo [de hacer]. Buenas noticias para quien tiene por todo acomodo un colchón pelado por tierra y un pozo de agua estagnada a la puerta, sin ventanas, ni cosa que pare el frío, que ya se hace sentir bastante.

10.

Hoy [nos] cambiamos de casa a la que tenia Melchiori, que se ha retirado a su bordo, mas con poca mejoría, excepto el [riesgo de uno] romperse el cuello a la entrada, [ya] que es menester montar por un palo como [una] gallina. Recibí una mesa y sillas de Mr. Van Schoten, con muy buena provisión de vinos, té, azúcar, manteca, ron, queso, arenques, jamón, limones, etc. De modo que, uniendo mis provisiones con las de Mr. Roux, ya el prospecto era mejor por esta parte. Efectivamente, mi griego Nicola se redujo a asistirnos y tuvimos buena cena y, lo que es más, sociedad entretenida. La cama por tierra y en la humedad me ha producido un ligero dolor en los riñones.

11.

Un señor de la aduana ha estado hoy a ver estos alojamientos, y me ha prometido que mañana sin falta se pondrán vidrios en mis ventanas, etc. Mas yo de precaución he hecho poner papel, y púestome a trabajar. Nuestras comidas están ya regladas y Mr. Roux es sumamente sociable, habla el inglés muy bien y ha estado largo tiempo en Londres.

12.

Sumamente divertido con la lectura del Pornographo, ideas para la regulación de las prostitutas, por Mr. Rétif de la Bretonne. Válgame Dios, ¡qué erudición antigua y moderna sobre el particular..! Y algunas memorias que incluye son sumamente curiosas e interesantes. La Mimographa, o el Teatro Reformado; Las Ginographas, o las mujeres reformadas, del mismo autor, serán seguramente libros curiosos. Buena comida con la asistencia [de] nuestro Nicola, y la dirección de Mr. Roux, que es un hábil epicúreo.

[Octubre] 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19 y 20.

Ocupado todo el día, y noche en parte, a escribir en mi diario aquellos pedazos que la celeridad de las marchas o mis enfermedades me han obligado a conservar en minutas solamente. El tiempo es moderado aún, por nuestra fortuna, pues los componedores de ventanas aún no han aparecido y solo uno ha puesto dos vidrios en la de la alcobilla en que duermo (1). Hay tantas ratas que es una peste, y no faltan culebras que a cada paso atraviesan por aquí y por allí. ¡Qué diablo de prisión infernal!

(1) Tres [soldados] griegos de la cuarentena, que acaban de llegar, sedujeron a un sargento de guardia y han estado en Jersón tres días sin que el comandante de este puesto nada supiese. Al fin se supo, los pillaron y los han vuelto al Lazareto. El sargento ha sido degradado a soldado y los soldados han llevado sus baquetas [azotes]. Ahora estoy más bien convencido, por experiencia, de la absurda práctica de los Lazaretos, en el método que en el día están en toda la Europa.


[Octubre] 21, 22, 23, 24 y 25.

Trabajando constantemente sobre mi jornal [diario de viaje] y he tenido visita de Mr. Van Schoten, con otro caballero inglés que viene de Riga. Este amigo [Van Schoten] no se descuida en repetir el envío de provisiones, de modo que, por esta parte, estamos perfectamente bien y el amigo Roux, que es un excelente epicúreo, saca todo el partido posible en beneficio común. El dicho General Comandante Tekely ha estado aquí una tarde de estas, para ver las faltas que había, mas el remedio no se ha aplicado aún y lo peor es que ha quitado las facultades a los de la Aduana que ya se preparaban a hacerlo.

[Octubre] 26, 27, 28, 29, 30 y 31.

Diario y más diario, particularmente en los vacíos que me quedaron de [mi visita a] Roma. Por fin he podido conseguir un banco de cama en que poner mi colchón, pues parece que estas gentes viven al uso de Polonia, donde, si uno se queda a dormir en casa de otro, es menester que lleve su propia cama.

Mr. Van Schoten no se descuida en enviar excelentes provisiones y hasta el mejor [vino de] Tokai, sin lo cual la detención se haría insufrible. He tenido visita del Cónsul Imperial Rosaróvich con muchas atenciones y excusas de no haber venido antes por hallarse enfermo. Me informa que, habiendo hablado a Tekely sobre mi cuarentena, responde que su obligación es de dar parte a Petersburgo del mal estado en que se hallan los que sufren la contumacia, más que el disminuirla no estaba en su poder.... ¡Como si el ba…… [insulto disimulado por el propio Miranda] hubiese aguardado por las órdenes de la Corte para reparar su casa [en el caso de] que hubiese estado en la situación inhabitable que está la nuestra!

Pobres esclavas georgianas que acaban de llegar de Constantinopla, reclamadas por la Rusia como vasallos suyos: una está para parir, y harto será si la madre no muere antes de frío. El 27 tuvimos ya nieves y hielo que hacen esta diabólica situación casi insoportable: es un género de frio penetrante que no tiene nada que hacer con el de Norte América, suave y soportable en comparación.

Noviembre 1 y 2.

Este ultimo día ha tenido su Pratica, o soltura mi compañero Mr. Roux, que a las 10 de la mañana, después de haberle [sido] perfumado la ropa, y aun los baúles (¡válgame Dios, cuantas absurdidades!) lo pasaron a Jersón (2). Yo, sin embargo que vivía junto [a él] y que en el mismo día partí de Buyukdere [su lugar de embarque en Estambul], no soy aún admisible.

(2) Entre las cosas que he aprendido de este famoso epicúreo una es cómo ahuyentar las moscas de sobre un líquido cualquiera: y es poniendo a flotar una rebanadilla de corcho. La otra: que para que el zumo de la cebolla no salte a los ojos del que la corta, poner un pedacito de pan a la punta del cuchillo, y es infalible.


Ha estado a visitarme, en compañía del Cónsul de Polonia, Mr. Cadogan [caballero inglés que había conocido en Constantinopla], que antes que yo partió para tierras de Constantinopla y venía con designio de dar una vista a la Crimea; mas el fuerte frío que hace ya le ha desanimado a proceder adelante y mañana emprende su viaje de vuelta a Viena, para buscar un remedio a su ojo, que yo me temo lo perderá. A las fronteras de Polonia le hicieron hacer 6 días solo de cuarentena.

Un lance pesado me iba ocurriendo con el tufo del carbón que, por necesidad, estamos obligados a quemar para preservarse del frío, porque las estufas son como hornos de ladrillo que necesitan un fuego de ocho días para recalentarse, de modo que, al irme a acostar por la noche, me da un tal desmayo y ansias de vomitar que, a no haber abierto todas las puertas y ventanas inmediatamente para que se renovase el aire, ¡una sofocación hubiera terminado mi vida! FeIix qui potuit rerum cognosere Causas… [cita del poeta romano Virgilio: Feliz él, quien conoce la razón de las cosas].

[Noviembre] 3, 4 y 5.

Ha soplado viento [del] Sur estos días, de modo que la temperatura del aire es como primavera - qué diablo de transición. He tenido visitas del amigo Roux, que se queja del ningún acomodamiento que un extranjero halla en Jersón, con todo el dinero que pidan en mano. Mr. Bau, que me parece un gran bribón, me ha estado contando historietas de la mujer del Doctor [del Lazareto], que parece muy buena moza, y corre aquí por una hermosura.

[Noviembre] 6 y 7

Estos días ha soplado un terrible viento del Norte con nieves, hielo y un tal frío que por poco perece la pobre esclava que acaba de parir y su hijo. Yo le he enviado vino y una manta, que es cuanto he podido, pues ni aun [hay] con qué hacer fuego, porque la barca de la cuarentena no puede pasar a causa del temporal. Si un poco de pan y arroz no hubiera quedado por casualidad, también el hambre se hubiera unido a las demás incomodidades. ¡Vivan las sabias disposiciones [sanitarias]! En fin, por la noche hube de romper [y quemar] un cajón que me servía para otras cosas, y así templamos un poco el frío. ¡Si se creerán estas cosas cuando uno las cuente! Ni un alma se ha visto fuera de casa.

8.

Hoy se ha moderado el tiempo, y he tenido visita del amigo Van Schoten y del compañero Roux, que junto con un oficial ruso de la guarnición han estado a prevenirme que mañana por la mañana salgo de este lugar infernal… Dios lo quiera. El Capitán Imperial Melchiori ha llegado esta tarde de Gloubok, con la esperanza también de salir mañana. Cuéntame prodigios del frio, y de la malísima situación en que también se hallan ellos y las embarcaciones del comercio en aquel paraje.

9.

Hoy a las nueve a.m. vino mi boleta o permiso para salir del Lazareto y, poco después, el Sr. Comandante Bau con felicitaciones. En fin tomé mi té, y después a preparar mis cosas para remover el ajuar. Vinieron los perfumadores [fumigadores, probablemente] y les envié a todos los diablos con sus propinas de 2 o 3 patacas a cada uno. Llegó el amigo Roux poco después, y a eso de las 10 nos pusimos en marcha, pasando el río con no poca pena por el sumo frío. Luego de haber aguardado una hora al frío, ínterin llegase un carro para llevar dichos efectos al alojamiento. A la una salimos para ver al Cónsul Rosaróvich, que ya había estado en nuestra busca esta mañana. Le hallamos a la mesa ya; comimos juntos y hubo sociedad hasta mucho después. Aquí conocí a Mr. Ahrens, hermano del [banquero] de Constantinopla, y Vicecónsul Imperial [austríaco] aquí. Después pasamos en casa de Mr. Van Schoten, que me recibió con generosidad y atención. Le dejamos al anochecer y nos fuimos a casa (esto es en casa de Mr. R[oux]) cuya furberia [travesura, en italiano] dispuso el que alojásemos juntos. Se repararon las camas, ya de aquí, ya de allí, lo mejor que fue posible: bebimos un vaso de ponche y nos fuimos a la cama."


Quiero expresar mi gratitud a la señora Svetlana Korneeva, de Basilea, por su gran amabilidad al ayudarme a identificar los nombres actuales de las localidades ucranianas mencionadas por Miranda en su diario de viaje.


Este trabajo le está dedicado a usted, querido lector, que lee estas líneas en cuarentena, durante la terrible pandemia de coronavirus de 2020.

Gracias por haber leído hasta aquí. Cuide de usted y de los suyos.


Fuentes

Miranda, Francisco de: Archivo del General Miranda, Editado por Vicente Dávila, Tomo III, Editorial Sur-América, Caracas, 1929

Montefiore, Simon Sebag: Prince of Princes, The Life of Potemkin, Phoenix Press, Londres, 2001

Rodríguez de Alonso, Josefina: Le siècle des lumières conté par Francisco de Miranda, Editions France-Empire, París,1974