Carta del Capitán Henry Haynes al Vice-Almirante Charles Stirling (1812)

Transcripción por el autor de esta página del texto publicado por Giovanni Meza Dorta en Miranda y Bolívar, Dos Visiones, 2da edición, pp. 200-204, bid & co. editor, Caracas; 2007. Los anexos enumerados por Haynes no se incluyen en esta transcripción.

"Barco de Su Majestad balandro Sapphire
Puerto de Ámsterdam, Curazao, 4 de agosto de 1812

Señor,

A mi regreso a este ancladero de transportar el bergantín Conway hasta el [Canal de la] Mona, recibí una solicitud de varios mercaderes para que les brinde transporte hasta La Guaira, portando una cantidad del papel moneda de Caracas. En este sentido, la conducta de los corsarios [leales a España] de Coro había sido tal desde hace un tiempo, a fin de fomentar las mayores detenciones entre los mercaderes de esta isla y desde la isla hasta las islas Barlovento. También, ya que esta propiedad era de tanto valor y no era considerada segura en cualquier otro buque que no fuera un barco de guerra, acepté su solicitud.

A mi llegada a La Guaira el pasado día 29, me encontré con que los buques ingleses y de todo otro origen estaban en una situación de embargo temporal. La consternación que alcanzaba todo rango es indescriptible, a partir de la detención de tropas españolas que entraban a la ciudad antes de que se levantara el embargo. Aquí, los mercaderes británicos, bien informados de la conducta del general Monteverde en Puerto Cabello, tenían toda razón de temer una confiscación total de sus bienes. Me llegaron muchas solicitudes y súplicas de personas de todo tipo. Para evaluar la verdadera situación de las cosas, le escribí una carta identificada ba-jo el No. 2 al general Miranda y recibí su repuesta bajo el No. 3, a primeras horas del día 30. Inmediatamente, hice la señal de traslado y giré instrucciones a cuatro buques. Esta noticia del general Miranda, quien me aseguró que el embargo sería levantado, produjo un regocijo general. Durante todo este día, la gente de diferentes nacionalidades que había venido a este país desde la última revolución [independentista] se encontraba ocupada embarcando sus pertenencias. El Sr. George Robertson de la Casa de Robertson & Belt embarcó veintidós mil dólares para que se efectúe la correspondiente entrega con Conocimiento de Embarque.

Mientras el Capitán del Zeloso, un bergantín de guerra de bandera independentista, desayunaba esperándome, le mostré la carta del general Miranda y éste me solicitó que le asistiera con un oficial y tripulación de bote para aquietar a su gente hasta que se conociera la capitulación. Puesto que la situación y fuerza de este bergantín junto con el carguero habría hecho imposible el escape del buque británico [Sapphire] en caso de que el general Monteverde infringiera la capitulación, aprobé la solicitud del capitán Castillo, esperando a la misma vez del correspondiente celo de España que esta medida creara alguna sospecha en tierra.

Todo el día 30 transcurrió sin que se hiciera ninguna observación al respecto. A las ocho de la noche llegó el general Miranda a La Guaira e inmediatamente le puso fin al embargo. Tan pronto como lo pude separar de la multitud que lo rodeaba, le informé de un oficial mío con tripulación quienes estaban a bordo del Zeloso y que, ya que las cosas estaban tan bien arregladas, era mi deber retirarlos. Me rogó que no lo hiciera, afirmándome que tenia toda razón de temer que yo ejerciera plenamente mi humanidad y que él no esperaba la llegada accidental de un barco de guerra británico, y que por lo tanto, había mantenido ese bergantín como la tabla de salvación de los desafortunados aventureros que se habían embarcado en la causa independentista bajo su mando. También, manifestó que en la capitulación que había hecho cuidadosamente se abstenía de mencionar el Zeloso y demás cañoneros. En Io particular, esta afirmación me parece muy extraña, ya que el general Miranda había estado tratando con un oficial naval [Monteverde]. Por mi parte, le solicité a un amigo que revisara la capitulación quien me satisfizo al manifestarme que no estaba especificada.

Ahora que me siento tranquilo regresé a bordo con la intención de tomar el primer aire de viento, esperando que todos los otros buques hicieran lo mismo. Sin embargo, no tuvimos brisa durante toda la noche. De hecho, cada uno estaba calmado, con seguridad luego de la carta que Miranda me había escrito y por su declaración pública en la Casa de Gobierno que ellos no habían remolcado sus buques como se había creído. El capitán del Zeloso, quien se encontraba mejor informado de lo que ocurría, es una excepción, puesto que en la noche él remolcó su buque fuera del alcance de los cargueros.

Temprano durante la mañana del 31, recibidas cartas números 4, 6 y 8. El portador de estas cartas me informó acerca del arresto de Miranda. Ya no tenía dudas acerca de las intenciones del general Monteverde y, deseoso de evitar toda clase de disputa con dicho oficial, me subí al barco de Su Majestad tan pronto como surgió una luz del barco de Su Majestad. La cobertura encimera de las más altas navegaciones, junto con las noticias tranquilizadoras de tierra, indujo a varios buques, tanto ingleses como estadounidenses, a buscar su escapatoria. Puesto que la capitulación me pareció quebrantada, no realicé ninguna señal de transporte, y me rehusé a brindarles asistencia a varios capitanes de buques que la habían solicitado. En ese momento, los cargueros rompieron fuego contra cada buque que había intentado movilizarse, por lo que ahora ruego la salida de la manera mas notoria, a fin de llamar la atención de Su Excelencia hacia una característica principal en el manejo del oficial que estaba ejecutando las ordenes de don Domingo Monteverde, General de las Fuerzas Armadas de Su Majestad Católica (todavía ondea la bandera independentista en los fuertes).

Previamente, le había informado al portador de las cartas del Comandante que yo sabía lo que ocurriría e insistí en que los cargueros respetaran la bandera de Su Majestad a pesar de lo anterior. A pesar de esta intimación, los cargueros nos dispararon a nuestra plataforma, entre nuestros mástiles, al dirigir su artillería contra los buques británicos en particular. El cañoneo cesó con el hundimiento de una de las goletas inglesas, y poco después, esta bandera se encontraba con disparos.

Las evidencias que se consignaron por ante mí en el transcurso de los últimos dos meses, tanto de mi propia experiencia y del indudable testimonio de otros del deseo de cordialidad de don Domingo Monteverde hacia los súbditos de Su Majestad, no me dejaron ninguna duda de las acciones a tomar.

En virtud de lo anterior, escribí la carta No. 10 para luego zarpar (habiendo retirado a mi oficial y los hombres del Zeloso) hacia este fondeadero. En este lugar, tengo el honor de anexarles las copias de la correspondencia que hemos tenido mi persona y las personas anteriormente mencionadas.

Mucho le agradecería me disculpe y si se llegase a enterar de alguna conducta indebida de mi persona, o en caso que Usted considere que me haya dejado llevar excesivamente por el entusiasmo en relación con la ocasión. No obstante Sr., por un lado, confío que se tendrá en consideración la situación delicada en la que se me involucró, así como que se respete mi conducta como aliado de Gran Bretaña; y, por el otro, le manifiesto mis sentimientos por el honor de la Bandera de Su Majestad, temiendo no poder rescatar los bienes de los súbditos de Su Majestad de un claro pillaje, o quizás, de una total confiscación.

Le haré llegar la capitulación para su consideración si tengo la oportunidad antes de que el Gyane parta a traducirla.

Con mis lealtades,

Henry Haynes
Comandante

Para:
Sr. Charles Stirling
Vice-Almirante de White Jamaica Ad. 1/263"